Fuegos artificiales

septiembre 29, 2008

Los periódicos nunca me han resultado tan interesantes como en las últimas dos semanas. Aún cuando estaba en Cuenca celebrando San Mateo me levantaba con mi resaca y antes de emprender marcha hacia la plaza me leía parte de Público y parte de The Guardian. Por supuesto lo que me interesaba es ver como quiebra todo el aparato financiero. Voy a hacer memoria de un par de meses y a explicar parte del tinglado, puesto que es bastante complejo y requerirá varias entradas.

Existe media docena de motivos que se han juntado para crear el problema, uno de ellos es el tipo de ingeniería financiera que yo ayudo a mantener con mi trabajo. Las opciones derivativas son una especie de seguro sobre un determinado riesgo, yo le pago un cierto dinero a una empresa para que si un negocio me va mal la empresa pague. Por supuesto la empresa a la que le pago calcula el riesgo cuidadosamente para que al hacer muchos tratos como el que yo le propongo, sepa cuántos van a quebrar y sacar siempre un beneficio.

Las derivativas generalmente funcionan sobre productos financieros, digamos que yo compro un paquete de acciones pero como no me quiero arriesgar mucho le pago a una empresa de inversión una cantidad de dinero, si las acciones suben o no bajan demasiado, el banco se queda con lo que he pagado y yo me quedo con el beneficio o perjuicio de las acciones. Si las acciones bajan más de cierto límite el banco me paga para que yo no pierda más dinero. Al fin y al cabo un negocio como otro cualquiera, la empresa de inversión recibe un dinero por correr un riesgo.

Calcular derivativas es relativamente complejo, porque además financieros creativos pueden liarlas tanto como quieran. Pero también es algo que puede dar mucho beneficio sin invertir dinero. El negocio tradicional de los bancos, que es dar créditos, necesita que el banco tenga el dinero para crear beneficios. De hecho el único motivo de que los bancos hagan cuentas de ahorro es porque quieren el dinero de la gente para poder prestarlo en forma de créditos.

Pero las derivativas no necesitan del dinero para hacer más dinero, sólo necesitan que el banco corra con un cierto riesgo calculado. Un riesgo que por supuesto es conocido gracias a muchas partes que honestamente te darán los datos que necesitas. Excepto que todo el mundo tiene motivos económicos para mentir sobre el riesgo que tiene lo que te están vendiendo.

Los financieros siempre han ido a comisión del negocio, y de repente las comisiones se inflaron hasta un tamaño absurdo. Como con derivativas se podían hacer negocios de un tamaño enorme, las comisiones que un financiero podía hacer también lo eran. Es muy tentador mentir un tanto acerca del riesgo que entraña ese negocio a tu propia empresa, si con la comisión te puedes retirar de por vida. Y entonces los banqueros se la metieron doblada a los bancos.

Y así es como cayeron todos los bancos de inversión existentes, que eran cinco. Bear Stearns fue el primero en quebrar y ser vendido a JP Morgan, Merrill Lynch fue vendido a Bank of America, a Lehman Brothers se lo han repartido entre Banco Santander, Barclays Bank y Nomura Bank. Los dos bancos de inversión que aún sobreviven, Goldman Sachs y Morgan Stanley, han comenzado a transformarse en bancos normales.

Lo que ha pasado es que cuando han empezado a quedar hipotecas sin pagar, porque todo el mundo mintió para hacerse rico con ellas, los bancos de inversión que más habían arriesgado en ese mercado se han quedado sin dinero rápidamente. Los bancos tradicionales, con los ahorros de millones de personas, se han comido a los bancos de inversión con la idea de hacer negocio sobre la carroña, aunque es bien posible que a alguno se le atragante.

Y por aquí, viendo los fuegos artificiales, hoy han nacionalizado un banco hipotecario en el Reino Unido (Bradford & Bangley), el mejor cliente de mi consultora (Dexia) va por el mismo camino, y mi banco (RBS) ha caido un 20% en bolsa. Que alguien me pase las palomitas.