Cazadores de Cabezas

mayo 30, 2008

Headhunters es un término que se aplica a los reclutadores que buscan a gente muy especializada que trabaja en una empresa para convencerles de desertar y aceptar una oferta de otra empresa. El que yo conocí se llamaba W.

Puse mi curriculum de vuelta en Monster hace más o menos un mes, con la idea de ver como estaba el mercado con vistas a la revision de mi contrato que tendrá lugar a finales de Julio. W me llamó hace un par de semanas diciendo que tenía un puesto para Barclays Capital que podría interesarme. Suponía trabajar con las mismas tecnologías con las que trabajo ahora pero con bastante más responsabilidad. Hasta ahí todo normal.

Lo interesante empezó cuando tuvimos la primera entrevista. Para hablar de los términos de ese trabajo y de mi situación actual me invitó a almorzar en el Edificio del Cambio. El Exchange Building es un edificio enorme que antes debía ser el edificio de la bolsa. Está en la plaza principal de la Milla Cuadrada, el centro financiero, a cien metros de la estación de metro de Bank. El frontal del edificio es como el del Partenon y el interior es un espacio abierto todo columnas de mármol, con mesas en la balaustrada que lo rodea. Ese sitio simboliza el poder y el dinero como ningún otro.

Allí fue donde me comentó dos cosas.

El puesto era en la tercera línea de Barclays Capital, que es el nivel tecnológico más interno de la empresa. El primer nivel son los que desarrollan las aplicaciones que la empresa utiliza para hacer negocios. El segundo nivel son los expertos que resuelven las dudas y los problemas que le surgen al primer nivel. El tercer nivel le resuelve las dudas al segundo e investiga sobre la dirección tecnólogica que debería tomar la empresa. Este tercer nivel son dos personas actualmente y yo sería la tercera, os podeis hacer una idea de la responsabilidad.

Lo segundo que me comento es lo difícil que es encontrar gente con ese perfil. De hecho sólo estaba entrevistando a dos personas y no creía que el otro fuese adecuado, tenía suficiente experiencia pero no parecía interesado en investigar cosas nuevas.

Y lo que no me contó explicitamente pero que extraje de la conversación es lo pequeño que es el grupo que se dedica a la supercomputación en Londres. Mi actual jefe había dejado de ser el segundo en ese grupo de Barclays Capital para fundar el departamento de supercomputación de Excelian. Antes de eso había contratado al que sería mi nuevo jefe. De mis actuales compañeros en Excelian dos habían estado trabajando en Barclays y uno había sido compañero de Universidad del reclutador.

Acudí al día siguiente a la entrevista con el que sería mi nuevo jefe en Barclays, en uno de los edificios de Canary Wharf que se ven en la foto, no se cuál porque yo lo veía todo desde abajo.

Canary Wharf desde el Tamesis

Pero la entrevista no fue demasiado bien. Yo iba vestido en plan profesional, con gemelos y todo, muy a tono con el edificio de Barclays y con mi interlocutor, que se llamaba K. A tono con el ambiente y con el hecho de que buscaban que dejara mi empresa para unirme a la suya yo llebava ese puntito de arrogancia que parecia adecuado.

Yo creo que el auténtico problema fue que K también llevaba melena. Y nos pareciamos un montón en la manera de ser. Creo que a ninguno de los dos nos gustó encontrarnos con alguien que nos quitaría el protagonismo. Yo salí de allí diciendo que el tipo era un pijo por llevar la melena con rizos engominados. Él probablemente se quedaría con la idea de que yo no tenía suficiente experiencia.

Y me fastidió bastante que me hiciera preguntas que sólo podían hacerme quedar mal, con cierta insistencia. Si estás tratando de convencer a alguien para que se cambie de su empresa a la tuya luego no le puedes preguntar que por qué piensa en aceptar. No te puede responder que porque le pagas más, y no te puede responder que porque no le gusta el trabajo anterior. La única respuesta posible es que le ofreces un trabajo más interesante, y aún esa se puede tomar con que soy un tipo que si el trabajo no me resulta interesante me iré. Probablemente también se quedó con la idea de que yo era un traidor.

En fin, aún es posibe que me llamen para otra entrevista, pero lo dudo. Además, no me molaría trabajar con ese tipo, me robaría el protagonismo.

Nota: He eliminado los nombres de esta entrada y no volvere a poner siquiera nombres propios, he oido un par de cosas que me han hecho pensar que tal vez no sea prudente.

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Joe Rocket

mayo 26, 2008

Hoy es fiesta aquí en el Reino Unido. En este país tan civilizado mueven todos los festivos al lunes siguiente para tener fines de semana de tres días. Es mucho más aburrido sin embargo, aunque todas las fiestas encajan con el fin de semana no hay puentes de cuatro días. Cuento ésto porque se me pasó que ayer era domingo y tenía cosas que contaros.

Menuda semana, han pasado suficientes cosas para llenar todo un mes de emociones. He tenido incluso que tomar la decisión de contar las cosas sólo cuando terminen, para no escribir un post con veintisiete cosas otra vez. La que ha terminado esta semana ha sido la aventura de comprarme la puñetera moto te una vez.

El miércoles terminé antes de trabajar y fuí a recogerla a la tienda. No son muchas las ocasiones en la vida en la que pagas 6500 libras con la tarjeta de crédito. Tal vez cuando sea rico lo vuelva a hacer para pagar alguna bacanal de escándalo en un jacuzzi. Hasta entonces no creo que vuelva a suceder.

 The Rocket

Rubén tenía toda la razón, ser motero en Londres es algo que se sufre más que se disfruta. Como muestra un botón, este fin de semana de tres días se supone que nos ibamos a ir los dos de ruta por el norte de Francia. Por supuesto ha llovido y hemos tenido que cancelar el plan. Tal vez el fin de semana que viene.

El que se nos hayan jodido los planes no significa que no le haya hecho el rodaje. El viernes nos fuimos en dirección a Kent. Pasamos por carreteras maravillosas y me dí cuenta de dos cosas. Si no me compro un GPS no me va a ser posible viajar por el Reino Unido, y hay camaras de las que te mandan la receta a casa cada doscientos metros.

El sábado nos fuimos por dentro de Londres, para aprender a ir del curro a casa, y me quedó claro que Londres no es Valencia a la hora de circular. En moto es al menos media hora para ir y venir del curro, y puede que más. Londres no tiene realmente las grandes avenidas y circunvalaciones que tienen otras ciudades.

A más de 50 kilómetros por hora no vas en ninguna calle, primero porque te pillan las cámaras, segundo porque cuando los semáforos se ponen en ámbar no dan tiempo a parar si vas más rápido, con lo cuál o clavas los frenos a lo bestia o te lo pasas en rojo, con la correspondiente multa otra vez. Como podéis ver la paranoia en esta ciudad parece el deporte nacional.

Pero bueno, a pesar de todas estas quejas, no os vayais a pensar que no estoy como un niño con zapatos nuevos. Nuevos, brillantes y que rugen como un trueno.

Pofesional

mayo 18, 2008

¡Me he hecho mayor!

Al fin me enviaron al exterior a trabajar como consultor de verdad. De martes a miércoles estuve en ABN AMRO instalándoles un programa para recoger datos de grandes grupos de computadoras.

Ha sido una experiencia muy interesante, he visto como funciona el departamento de computación de un banco, he trabajado en el corazón del distrito financiero, y he visto que trabajar como consultor no es muy diferente de trabajar como si te contratara el banco mismo.

El banco ocupaba todas las plantas menos una de un edificio anónimo de diez plantas al final de Bishopsgate. Yo he estado trabajando en la quinta donde habría otras cien personas que se dedicaban principalmente a soporte técnico para el resto de los empleados. Al igual que en mi empresa apenas había ingleses.

Welcome to the machine

Las instalaciones eran de lujo, los sillones son Aeron, las podeís buscar en internet, cuestan un pastón y son lo mejor que hay. De dos a cuatro monitores por persona. Pero no podía escuchar música y la seguridad era férrea. El grupo que me había contratado tuvo que sudar tinta para que los de seguridad (informática, no física) me dejaran hacer mi trabajo. Y yo tuve que sudar bastante para poder hacerlo en los estrechos márgenes que me dejaban.

Me quedé convencido de que trabajar para un banco no es la panacea. Cobran lo mismo que yo, tienen un trabajo mucho más repetitivo y aburrido, tienen mucho menos control sobre su vida diaria y encima van a ir todos a la calle porque el banco se fusiona con RBS y por culpa de la crisis crediticia. Los dos empleados con los que estuve trabajando allí (Khalid, saudí y Daniel Chan, marbellí de padres chinos) me dijeron que sabían con toda seguridad que los despedirían al cabo de unos meses, y a ninguno le importaba un carajo.

Lo mejor de trabajar allí era sin duda estar en el corazón financiero. Mi propia compañia esta en el borde del mismo, incluso un poco fuera si me apuras, Bishopsgate Street es la calle donde se encuentran casi todos los bancos. No oficinas de ateción al público, sino los edificios donde se mueven las estrategias financieras. Según Dan de cada treinta personas que se ven en esa zona una es millonaria en libras. Caminar hasta el banco desde London Bridge es todo rascacielos, trajeados y trajeadas, y cosas que huelen a dinero en general.

Y ahora soy un consultor de verdad, mis compañeros en el banco me dijeron que mi compañía les había cobrado un pastón por mandarme allí una semana, lo que quiere decir dos cosas. Me consideran un consultor senior, y esta semana probablemente ha cubierto mi sueldo de un mes. Eso unido a que todo el mundo pareció quedar mi contento con mi trabajo se tendrá en cuenta dentro de dos meses y medio cuando termine mi periodo de prueba.

Esta semana a ver que me dicen mis jefes en la oficina de todo esto, ya os contaré.

Desmontando Aspirantes

mayo 10, 2008

Mis amigos en Cuenca, que me conocen y quieren bien, me han comentado en numerosas ocasiones que soy una bestia sin sentimientos y que apenas califico como ser humano. Sin ánimo de llegar a convertirme en el protagonista de American Psycho estoy muy contento de haber descubierto que estas peculiaridades mías pueden llegar a ser bastante apreciadas en el mundo empresarial.

Hace unas dos semanas me designaron para hacer la parte técnica de la entrevista a un candidato para un trabajo en un departamento financiero de la empresa. El sujeto en cuestión era bastante flojo, con una lamentable falta de confianza y autoestima. Siendo yo entrevistador novato lo destrocé sin querer.

Sin embargo la tipa de relaciones humanas que estaba conmigo se quedó gratamente sorprendida de la eficiencia con la que extraje toda la información que me interesaba, y a los pocos días me trajeron otro aspirante. A éste lo traté con más cuidado, pero siendo otro gañan sin la suficiente valía para la empresa, es probable que no guarde un buen recuerdo del trago.

A partir de ese momento yo bromeaba en el trabajo, diciendo que yo no era malvado, que es que ellos no eran lo bastante buenos, al tiempo que descubría que algunas de las cosas que les había preguntado eran realmente cabronadas, como pedirles que escribieran un programa en papel, con toda la presión de una entrevista y sin nada de la documentación que siempre se tiene disponible cuando se programa.

Glass Sky

Yo realmente disfruto con estos experimentos psicológicos de media hora, aprendiendo cómo puedo aumentar la confianza de mis entrevistados para conseguir que me hablen de lo que a los dos nos importa. Ésto es porque el principal problema de todos los entrevistados es que son tímidos, están nerviosos y no saben venderse. Tengo que reconocer que si lo están haciendo muy bien me gusta preguntarles cosas que sé que no podrán responder para ver si se recuperan, eso es probablemente malvado.

Después de las tres primeras entrevistas, me asignaron otros tres candidatos más, uno cada día, y se corrió en la empresa que yo destrozaba candidatos y extraía de sus restos el conocimiento de si serían lo bastante buenos como para contratarlos. A esos tres me añadieron más tarde otro par más.

El viernes el principal accionista de la empresa vino a comentarme unas cosas relacionadas con otro proyecto, y así de pasada, dijo algo de que se había enterado de lo que yo hacía en las entrevistas, no entendí exactamente sus palabras. Mis compañeros me aclararon más tarde que lo que dijo fue que había oído que yo era realmente malvado, y que sus palabras parecían tener un cierto tono de envidia.

Pero en el fondo a mí me encantaría ser buena persona, con sentimientos y esas cosas.

La odisea

mayo 7, 2008

Bueno, bueno, bueno. Hoy podría contar millones de movidas, que además es la razón de que me volviera a saltar el post del domingo. Eso y que a mi padre no le funcionaba la conexión a Internet.

El viernes pasado me fui a Cuenca sin apenas problemas, me estresé un poco en Gatwick porque en los paneles no dijo mi hora de embarque hasta quince minutos después de la hora de embarque. Pero llegar a Madrid y descubrir que me estaba cociendo dentro de la chupa, por vez primera en muchos meses, compensaba cualquier cosa. No me costo nada encontrar la oficina de alquiler de coches y a las cuatro estaba en Cuenca, como un señor, disfrutando de la comida de mi mamá.

Ese viernes se me pasó en ver a los amigotes, subirme a la plaza a beber cerveza en sitios que los ingleses ni imaginan, repartir tarjetas de visita, perder al futbolín y perder también la cabeza por los garitos de la calle.

Bar español

El sábado fue resaca, ir al campo a comer un potaje cocinado por mi abuela en la lumbre y volver a las cerveza. Esa noche tuve el inmenso honor de cenar en la bodeguilla, huevos de codorniz, ribera del duero, jamón frito, patatas a lo pobre, y otros manjares que todo el que me va a visitar prueba obligatoriamente, tal es la devoción que le profeso a ese sitio.

El domingo fue más resaca, mucha más. De hecho ese día me lo pasé tirado en la hamaca en el campo, leyendo Generación X, que todos vosotros, casi treintañeros sin dirección ni esperanza, deberiais leer. Después de fumar unas hierbas en un parque doblé como un desgraciado desaprovechando esa noche, cosa recomendable de hacer de cuando en cuando.

El lunes era el día de hacer burocracias, comprar tabaco y panteras rosas, y enviarme resoli de mi tío por correo a casa, que si me ven subir al avión con una botella de vino llena de algo que no es vino y cerrada con un tapón de corcho y cinta aislante, me dejan el recto como un hangar.

Y la vuelta a casa, aquí a Londres, eso si que fue emocionante. Tenía previsto devolver el coche a las 19, con una hora y cuarenta para coger el avión después. El coche lo tenía que devolver con el depósito vacio, sabía que la oficina de alquiler estaba enfrente del aparcamiento de larga estancia, y tenía el GPS para guiarme.

Por supuesto, cogí un atasco, con lo que tendría que meter algo más de gasoil. El GPS se volvió loco, y empezo a sugerirme que me tirara al monte, cuando intentaba decirle al GPS la calle de al lado de la oficina por si eso era lo que le liaba, me perdi la salida a las terminales 1, 2 y 3 y me metí en la autopista que llevaba a la 4.

En la terminal 4 pregunte por el parking y me dijeron que ni idea, que estaría por las otras terminales, y que tenía que volver a rodear el aeropuerto, eran las 19:10. En la terminal 2 me dijeron que por cierta salida estaban los parkings del aeropuerto. Después de darle toda la vuelta al parking P2 me paré histerico perdido a tratar de hacer entrar en razón al GPS. Eran las 19:20, la luz de la gasolina parpadeaba desesperada desde hacía media hora.El GPS decía que estaba a 3.5 km.

Salí del P2, haciendome a la idea de que el coche se iba a parar, que iba a perder el avión, y que los de la oficina de alquiler me iban a sacar la pasta por dejar el coche sin gasoil. ¿No se joden los diesel cuando se quedan sin combustible, que hay que purgarlos o algo así?.

Desobedecí al GPS en la primera rotonda, le obedecí en la segunda cuando me dijo que diera media vuelta y le hice medio caso en la tercera saliendo una antes de la que me decía. ¡Milagro! ¡Una señal en otra carretera hacía el parking de larga estancia!. Le seguí haciendo caso al GPS excepto cuando veía una señal de larga estancia, y por suerte se complementaron para llevarme, temblando como un epiléptico, a devolver el coche a las 19:30.

Llegue al aeropuerto veinte minutos después, con bastante tiempo para coger el avión, cuando me enteré que estaba retrasado casi una hora.

El resto es historia, llegué a Londres, tuve la suerte de que habían puesto trenes tarde para llevar a la gente que volvía de vacaciones, y entregué el tabaco y las panteras rosas en casa.