Simplicidad

marzo 9, 2008

Para ser feliz no hay que tener preocupaciones, se tiene que estar en condiciones de simplemente disfrutar lo que la vida ofrece.

Pongo un enorme esfuerzo diario en eliminar preocupaciones de mi vida, y lo hago en todos los niveles, tanto en detalles insignificantes como en planes a gran escala.

Detalles insignificantes, empecé a pensar en ellos en el periodo de entrebecas (entre el año de Italia y el año de México), viviendo con Alex en el zulo aquél de Hermanos Villalonga. Me di cuenta de que hacer la cama me permitía vivir en una habitación más cómoda, aunque no sabía exactamente cómo percibía ésto.

Ahora sí que lo sé, cada vez que me tiraba en la cama y tenía que hacer un esfuerzo por sacar la sábana arrugada de debajo de mi cuerpo me sentía un poco más incomodo, ese sentimiento se quedaba en mi subconsciente y me hacía que la perspectiva de tirarme en la cama fuera un poco menos agradable, lo que a su vez hacía que de un modo imperceptible estuviera algo más cansado siempre.

Puede parecer un ejemplo un poco estúpido, pero no lo es. Existen multitud de pequeños detalles que se te van metiendo en el subconsciente y amargándote la vida, y hay que hacer un esfuerzo por localizarlos aunque sean pequeños o algo los oculte. Una vez encontrados hay que buscar la manera de eliminarlos.

El ejemplo de la cama, lo he solucionado aquí en Inglaterra. Un nórdico y una sabana de las que se ajustan con gomas al colchón. Ya no tengo que hacer más la cama y tirarme sobre el nórdico es siempre un placer. Me alegro de no haber hecho caso a mi madre y de no haberme traído ropa de cama de España.

Con el tiempo he localizado más fuentes de estrés doméstico, casi siempre relacionadas con la falta de órden. La diferencia es que ahora estoy preparado para identificarlas y tengo la motivación para eliminarlas, porque ahora sé que un hogar más comodo me hará más feliz, porque no se meterá en mi camino cuando intente hacer otras cosas.

Ahora hago todo lo que mi madre me pedía, doblo y guardo la ropa, no sólo después de lavar sino también después de usarla si me la voy a poner otra vez. Hay un sitio lógico para cada uno de mis objetos, y siempre están allí. No pierdo tiempo buscando nada y trato de hacer que sea lo más fácil posible coger cualquier cosa. No pensar en lo innecesario, ése es el objetivo.

Antes tenía objetos que no hacían más que estorbar siempre, llamando mi atención por breves milisegundos cada día cuando intentaba hacer otras cosas. Nunca pensé que importara, pero importa, como monos que somos los colores brillantes nos llaman la atención y un entorno lleno de irrelevancias agota la mente.

Ahora ya no compro nada que no esté absolutamente seguro que me va a ayudar a ser más féliz. No compro nada que no esté seguro que no me va a traer más preocupaciones de las que me va a eliminar. Intento vender, regalar o deshacerme de cualquier objeto que no use, y eso incluye montones de recuerdos de mis viajes. Almaceno una gran cantidad en la casa de mis padres, pero ya no recojo más, no los necesito para nada. Poseo pocas cosas y aún podría deshacerme de ellas en un minuto. Las únicas cosas que deseo poseer son conocimientos, amistades y dinero.

Os habrá sorprendido leer después de toda ésta historia anticonsumista que el dinero me hace féliz. Pues es cierto. Si volvemos atrás en este post la tésis principal es que eliminar preocupaciones te hace féliz, porque te deja concentrarte en las cosas que realmente importan.

Tener dinero es vital en este esquema de cosas. No hace falta tener mucho, porque no quiero comprar nada con él, pero es necesario tener ahorros para no preocuparse por el futuro. Tener la seguridad de que si me canso de todo me puedo ir a viajar un par de años por el mundo es una preocupación menos. También podría emplear ese dinero en aprender otro oficio. También podría emplearlo en hacer frente a algún imprevisto. El dinero me quita preocupaciones, pero sólo si no me lo gasto en más objetos.

Sin embargo estoy encantado de gastármelo en pasármelo bien, María José bien lo sabe. Con ella he pagado gustoso botellas de vino de las caras, celebramos nuestro aniversario por todo lo alto en el Parador de Cuenca. Tampoco dudo en gastar para que mis pocas posesiones sean de la mayor calidad posible, me quería gastar una pasta en el mp3, pero cuando vi que el modelo que quería no estaba en la tienda no dudé en comprar uno mejor y más caro. No me duele gastarme quinientas libras en un traje de sastre.

Sin embargo me duele gastarme ocho libras en dos camisas de baja calidad. Si no me las pongo serán otro objeto que me estorbe, y puede que no me proporcionen el mismo placer que una camisa de treinta libras, que además me durará diez veces más. De alguna manera, lo que gasto no está relacionado de un modo normal con lo que tengo, trato de gastar más para tener menos.

Todo ésto no es invención mía, si buscáis en Google zen+simplicity encontraréis mucha más información relacionada. Es mi experiencia personal que estas ideas me ayudan a concentrarme en conseguir lo que realmente importa: seguridad, diversión, amistad, libertad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: